
El cierre de un año y el inicio de otro representan siempre una oportunidad de análisis, de renovación y de mejora. Tenemos la obligación de mirar el camino recorrido y buscar en medio de la complejidad y la confusión del terminado 2025, elementos de claridad que nos empujen a soñar el 2026 como el año de la esperanza y el cambio radical.
Balance del 2025: Crisis que se superponen
Al evaluar el 2025, identifico cuatro factores determinantes, quizás cuatro crisis, que han marcado este año:
- Crisis de solidaridad: Es tremendo, pero demonizar al migrante, defender la desigualdad, defender que la solidaridad es un lujo ñoño, le dicen buenismo (detesto esa palabreja) todo eso ahora es cool. El efecto cascada de los recortes en ayuda al desarrollo, liderados por la administración Trump, ha debilitado el compromiso global con los más vulnerables. Esos recortes ya están produciendo millones de muertes y de sufrimiento.
- Crisis de liderazgo: Tras el fallecimiento del Papa Francisco, el mundo parece haber quedado huérfano de líderes humanistas. Pareciera que estamos a merced de líderes que generan o bien desconfianza o incluso temor en una buena parte de la población. Atravesamos pues un periodo de oscuridad de referentes éticos.
- Crisis de la polarización: Vivimos en una era de extremos. El diálogo, los matices, la diversidad están penalizados política y sociológicamente. diariamente se nos pide “o en un lado o en el otro”
- Crisis de la paz frente a la violencia: La proliferación de conflictos y el uso de la guerra como bandera política se han convertido en soluciones alarmantemente aceptadas. Hablar de paz y de pacifismo hoy es despreciado. La narrativa belicista hoy es la que se ha impuesto.
2026: El año del cambio y la justicia
Pese a este escenario, estoy convencido de que nos acercamos a un punto de inflexión positivo. Para quienes trabajamos en la promoción de la justicia creo que el año que estrenamos nos pone delante cuatro retos maravillosos:
- Ambición de transformación social: Tenemos que volver a creernos que un Mundo Nuevo es posible. Además de tener esperanza; necesitamos convicción. Necesitamos ganar en Radicalidad. Al conmemorar el 50 aniversario de la Congregación General 32, reafirmamos que el binomio Fe-Justicia es indispensable para un desarrollo coherente con el Evangelio.
- Defensa del bien común: La dialéctica que se está imponiendo es que el mundo será mejor si cada uno va a los suyo, si cada país es el primero… Hasta algunos líderes hacen de eso su bandera. Creo que ese modelo además de simple, es suicida. Frente al individualismo y el beneficio inmediato, nuestro reto es defender lo público y el bienestar global. Debemos contraponer argumentos sólidos ante las narrativas cortoplacistas. Es el momento de reivindicar la fraternidad universal.
- Activismo ciudadano: Ante el desplome de los grandes liderazgos, urge apelar a la verdadera participación ciudadana. Creo firmemente en una humanidad compuesta por hombres y mujeres empáticos, de buena voluntad, dispuestos a ser «activistas de la solidaridad» en favor de un mundo más justo y más humano.
- Empoderar a los y las jóvenes. Esto va mucho más allá de mejorar la comunicación con ellos Se trata de imaginar nuevos modos de empoderamiento juvenil que sean realmente transformadores. La fuerza de nuestros chicos y chicas, cuando se organizan y tienen cauces de participación es imparable. Y de eso en Entreculturas somos testigos.
Los grandes cambios nacen de lo pequeño, de lo cotidiano, de lo que se multiplica hasta volverse imparable. Y esta fuerza ningún «Goliat» la puede detener.
Estamos, pues, ante un momento decisivo de cambio y esperanza, y tiene nombre: #2026_Esperanza Radical.
