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Climabar: cómo el cambio climático pasó de dar pereza a despertar interés

Tiempo de lectura: 3 minutos

Sabemos que el cambio climático está pasando. Lo vemos, lo escuchamos, lo leemos. Entre datos, titulares y discursos, algo se pierde: la sensación de que el cambio climático también va de nosotras, de nuestra propia vida.

El proyecto Climabar parte de esa idea. De la necesidad de contar la crisis climática de otra manera, más cercana, más cotidiana y más fácil de entender. Detrás están Car y Belén, dos creadoras que, aunque vienen de mundos distintos, comparten una misma intuición: si no entendemos por qué debe importarnos la crisis climática, difícilmente vamos a poder actuar. Estas dos amigas se conocen desde los tres años. Una se formó en ciencias ambientales; la otra, en el ámbito audiovisual. Y fue precisamente esa mezcla la que les permitió ver algo que muchas veces pasa desapercibido: existe una brecha enorme entre quienes viven el tema climático desde dentro: activistas, científicas, personas del ámbito ambiental y una mayoría que queda fuera de esa conversación y, sobre todo, no se siente partícipe.

Como nos cuentan, sienten que la pandemia fue clave para que esto se hiciera evidente. No porque la gente no quisiera implicarse, sino porque, simplemente, quizás no se sabía cómo o incluso por qué tener que hacerlo. La crisis climática seguía percibiéndose como algo lejano, abstracto, desconectado de lo cotidiano. Sin embargo, las creadoras de Climabar empezaban a tener clara una cosa: el clima está presente en el día a día; en la cesta de la compra, en los macro centros comerciales, en sí en la forma que vivimos, pero no se comunicaba como tal.

Climabar nace de una necesidad de «traducir» la crisis climática y habéis creado un lenguaje propio, ¿cómo llegáis a esta forma de comunicar?

Nosotras comunicamos utilizando mucho el humor porque pensamos que la crisis climática siempre se ha contado un poco desde el derrotismo, desde el tremendismo y se ha hecho así porque obviamente es un tema muy importante y es negativo porque las cosas están muy mal, eso es así. No hay que suavizar, ni mentir, ni querer contar cosas que no son, pero sí creemos que esto mismo se puede contar desde un enfoque que llegue a más gente. Porque nuestro motor de activismo es el positivismo y no tanto el miedo. El miedo paraliza. Lo que queremos es que a través del humor la gente se involucre y, sobre todo, que la gente entienda que este tema sí que va de ellos.

¿Por qué creeis que la gente no está interesada en la crisis climática?

La crisis climática se ha contado siempre desde el prisma medioambiental y no es solo eso. Una cosa que hacemos nosotras es relacionarlo con temas con los que pueda empatizar mucha más gente. Entonces, no sólo hablamos del medioambiente, hablamos de comida, hablamos de cerveza, hablamos de viajes, hablamos de salud. Intentamos siempre unir los puntos para que la gente entienda que eso es una crisis transversal y que no es solo medioambiental.

¿Climabar es para todo el mundo?

Sí, ojalá, nos encantaría, pero evidentemente no llegamos a todas las personas y sabemos que hay mucha gente a la que la forma que tenemos nosotras de comunicar no impacta, pero sí que vamos a una audiencia como serían nuestras amigas. Gente sobre todo joven y que utiliza las redes sociales, evidentemente. Nos gusta pensar que nosotras somos como esa primera red que puede pillar a cualquier persona que no sepa que debe interesarle el tema del clima. Una vez se haya generado interés existen muchísimos más creadores y creadoras de contenido que hablan de diferentes temas específicos y con ellos puedes conocer más de este mundo. 

¿Nos dais un par de tips para que no sintamos que no podemos hacer nada frente a la crisis climática?

Siempre se nos dice que es como algo que está lejano, que tiene que partir desde las empresas o de la COP y que no podemos hacer nada, pero nos gusta mucho decir que lo más importante que tienes en tus manos como ciudadano o ciudadana es el voto. Tanto voto de partido político, votar a un partido que no sea negacionista de una realidad como el cambio climático o el voto con tus compras. Hacer algo es tener en cuenta que al consumir podemos votar en cómo queremos que se hagan las cosas. Cada consumo es un voto. Entonces tú también puedes cambiar un poco el panorama comprando en una tienda local en vez de comprar en una gran superficie, consumiendo menos fast fashion y más ropa sostenible o de segunda mano, comiendo más vegetales… Hay un montón de acciones en tu mano que puedes hacer, pero obviamente no queremos dejar de lado que todo esto tiene que ir acompañado de acciones que hagan gobiernos e instituciones, todas tenemos que apostar por un consumo más sostenible. 

Ahora mismo es muy difícil exigir a la gente que no coja aviones, cuando los aviones están subvencionados en la Unión Europea y te cuesta 15 euros el vuelo comparado con el tren, por ejemplo, pero sí hay otras cosas que puedes hacer, no hay que agobiarse e intentar hacerlo todo perfecto, sino todo lo que esté en nuestra mano. Siempre decimos que hacen falta muchas personas imperfectas intentando cambiar las cosas y no solo unas pocas haciéndolo todo bien.

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