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Maribel, un voluntariado que educa en derechos

Tiempo de lectura: 3 minutos

En esta nueva entrada de la sección 100×100 voluntariado para la sostenibilidad nos acercamos a la historia de Maribel, voluntaria en la Delegación de Entreculturas de Madrid. Cononoceremos qué le llevó a querer hacer voluntariado hace 7 años y qué le he aportado en su vida.

Con el curso escolar ya en marcha, es un buen momento para poner en valor a las personas voluntarias que contribuyen a educar en valores dentro de las escuelas. Personas que, a través de su tiempo y compromiso, acercan a jóvenes a realidades que les invitan a mirar el mundo con otros ojos.

Es el caso de Maribel, voluntaria de Entreculturas y encargada, junto con otras voluntarias, del taller «Madrid, un libro abierto», una propuesta educativa que invita a adolescentes de distintos institutos de Madrid a reflexionar sobre los derechos humanos, la justicia social y los desafíos de nuestro mundo. A través de dinámicas participativas, el taller busca despertar una mirada crítica sobre la realidad y, sobre todo, transmitir que es posible actuar para transformarla desde el entorno más cercano.

Detrás de esta iniciativa hay años de experiencia, una vocación educativa y una convicción que Maribel mantiene viva en cada encuentro: la esperanza también se aprende y se construye en comunidad.

Una vocación que une educación y justicia socioambiental

¿Qué te llevó a iniciar el voluntariado que haces actualmente?

Mi experiencia de voluntariado comenzó en 2012, cuando entré a formar parte de una comisión recién creada en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Su misión era dar a conocer a la infancia y la juventud el sentido y la importancia de la arquitectura como herramienta para crear espacios saludables y sostenibles para la vida y la ciudadanía.

Diseñamos y pusimos en marcha distintas propuestas de educación no formal con este objetivo. Entre ellas estaba el taller A_Sombra2, en el que se aprendía sobre los principios físicos de la construcción sostenible dentro del programa Madrid, un libro abierto, una agenda de actividades educativas muy diversas que el Ayuntamiento de Madrid ofrece a los centros educativos del municipio.

Sin embargo, la publicación en 2015 de la encíclica Laudato Si’, del papa Francisco, supuso un antes y un después en mi trayectoria como voluntaria. Me inspiró para comprometerme con la justicia socioambiental, al conectar la sostenibilidad y la educación con la justicia social.

En 2018, Entreculturas lanzó una convocatoria de voluntariado para la Delegación de Madrid y sentí que colaborar con la organización podía dar respuesta a todas mis inquietudes al mismo tiempo. Aprovechando mi experiencia previa, propuse presentar al programa Madrid, un libro abierto una dinámica dirigida a jóvenes de secundaria, bachillerato y formación profesional para trabajar las líneas de trabajo de Entreculturas, lo que conocemos como las causas, que son cinco.

Así nació nuestra propuesta: La tierra, nuestra mejor escuela: piensa en global y actúa en local. Por el momento, es la única formación ecosocial de toda la agenda que se oferta en el programa. La propuesta tuvo una gran acogida por parte del Ayuntamiento de Madrid y de los centros educativos, y desde 2019 seguimos desarrollándola cada semana en la Casa de San Ignacio.

Una mirada crítica para cambiar las cosas

¿Sientes que este voluntariado está contribuyendo a construir un mundo más justo?

Así es. Queremos transmitir a la juventud una mirada de esperanza que les movilice a mejorar las cosas de su entorno más inmediato de una manera tangible.

Además de reflexionar sobre las cinco causas con las que trabajamos en Entreculturas, el taller busca fomentar una mirada profunda y crítica sobre la realidad del mundo actual, para que los y las jóvenes sean más conscientes de los desafíos a los que nos enfrentamos.

Las reflexiones que surgen durante las dinámicas me motivan a seguir apostando por este proyecto.

Las reflexiones que surgen durante las dinámicas me motivan a seguir apostando por este proyecto. Escuchar cómo se acercan a estas cuestiones, cómo las cuestionan y cómo conectan lo que sucede en el mundo con su propia realidad me recuerda la importancia de abrir espacios para pensar, conversar y descubrir que también pueden formar parte del cambio.

El compromiso que también transforma a quien acompaña

¿Sientes que este voluntariado te está transformando personalmente?

Me encanta ser testigo de cómo las personas jóvenes se interesan, se ilusionan y renuevan su esperanza y su compromiso con el bien común y con la defensa de la dignidad de todas las personas. Su respuesta retroalimenta, a su vez, mi propio compromiso y mi esperanza.

Ser voluntaria de Entreculturas me ayuda a abrirme al mundo, a permanecer con los sentidos, la mente y el corazón abiertos y receptivos para acoger al diferente y contribuir a que las cosas mejoren a mi alrededor.

Porque educar en valores no consiste únicamente en transmitir conocimientos: también significa aprender a mirar, hacerse preguntas y descubrir que nuestras decisiones tienen un impacto en la vida de otras personas. Y, como demuestra la experiencia de Maribel, ese aprendizaje no termina cuando acaba el taller. También continúa en quienes lo hacen posible.

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