
Este verano nuestro esperado post de Lecturas para el verano se amplia. Sabemos que hay muchas maneras de aprovechar el verano sin que todo pase por viajar más lejos o consumir más, así que aquí os contamos algunos planes, actividades, festivales y, por supuesto, lecturas que son además de interesantes sostenibles y respetuosas con el entorno y con las personas.
Cada verano llega, generalmente, acompañado de una interminable lista de expectativas. Viajes espectaculares, planes perfectos, fotos memorables. Sin embargo, muchas veces lo que más necesitamos no está tan lejos ni cuesta un dineral. Quizá este año el mejor destino sea el tiempo. Tiempo para leer, para caminar sin prisa, para reencontrarnos con quienes queremos o a quienes no vemos tan habitualmente, para descubrir lugares cercanos o para hacer algo que aporte un poco más de sentido a nuestros días.
Aquí van algunas ideas para vivir un verano diferente. No necesariamente más extraordinarias ni espectaculares. Pero sí que seguramente con el foco puesto en lo que realmente importa. ¿Te apuntas?
Historias para acompañar el verano
Entre todos los planes posibles, hay uno que sigue resistiendo el paso del tiempo: abrir un libro y dejarse llevar. El verano sigue siendo uno de los mejores momentos para recuperar el placer de la lectura. Para quienes buscan narrativas más actuales, pueden apostar por Los nombres propios, de Marta Jiménez Serrano; Reliquia, de Pol Guasch, o por una divertida La muy catastrófica visita al zoo, de Joël Dicker, una aventura para compartir incluso en familia. Y para quienes se inclinan por las novelas, las históricas de Santiago Posterguillo o la literatura fantástica de Brandon Sanderson.
El verano también puede ser una oportunidad para aprender algo distinto. La inteligencia artificial explicada a todos los públicos, de Lorena Fernández Álvarez, acerca uno de los grandes temas de actualidad de forma clara, accesible y cercana. Y para quienes aprovechan estos meses para reencontrarse con los clásicos, títulos como 1984, de George Orwell, Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, o Una habitación propia, de Virginia Woolf, son prueba de que algunas historias no envejecen a pesar del paso del tiempo.
Pero si lo que de verdad te interesan son recomendaciones transformadoras, aquí tienes una recopilación de pelis, series y libros elaborada por el equipo de Género de Alboan. Que no se diga que el verano no es también tiempo para la reflexión y la profundidad.
Un verano que deje huella (de la buena)
“Huella” y “ecológica” no siempre tienen que ir de la mano. Aunque en una estación como el verano, y más en los últimos años, las consecuencias se están dejando notar. ¿Sabías que en muchas ciudades ya se está trabajando en los conocidos como “refugios climáticos”? Espacios para que las personas, especialmente las más vulnerables, puedan protegerse de las altas temperaturas. No existe un registro a nivel estatal que actualmente recoja todos estos espacios, y solo una veintena de ciudades capitales cuenta con redes de este tipo de refugios. Si te interesa este tema, aquí tienes el dossier de Greenpeace, titulado Ciudades al rojo vivo.
Así que más allá de la ecológica, hablemos también de esas huellas que dejan otro tipo de experiencias y modos alternativos de estar y vivir el verano. Las experiencias de voluntariado local e internacional, impulsadas por organizaciones como las nuestras, permiten acercarse a otras realidades y personas, colaborar en proyectos sociales y vivir experiencias transformadoras. Si para este verano ya vas tarde, que no se te pase planificarlo para el próximo.
Para quienes quieran experimentar otras formas de vivir durante estos meses, existen ecoaldeas repartidas en muchas provincias donde se puede participar durante unos días en actividades agrícolas, bioconstrucción, cocina comunitaria o cuidado del entorno. Lugares como la Red Ibérica de Ecoaldeas permiten acercarse a modelos de vida más sostenibles.
Además, cada vez más personas buscan experiencias en monasterios, casas rurales o espacios naturales donde simplemente se invita a caminar, descansar, leer y recuperar un ritmo más humano. Los retiros de naturaleza, meditación o yoga ofrecen una oportunidad para este tipo de propuestas.
Por su parte, el turismo sostenible es, desde hace años, una manera alternativa de entender el ocio. Un ámbito de actuación nada despreciable, teniendo en cuenta que esta actividad aporta cerca de un 10% del PIB mundial. El turismo sostenible, además de reducir el impacto medioambiental y social, trata de cuidar también a quienes viven en destino. Y pasa por elegir alojamientos gestionados localmente, consumir productos de proximidad, desplazarse de forma responsable y contribuir a que los territorios que se visitan mantengan su identidad.
Y hablando de desplazarse, existe una alternativa que no hace uso de combustibles fósiles: la bicicleta. Viajar en bici es una de esas experiencias que hay que vivir al menos una vez en la vida, si nada te lo impide. Y sin necesidad de estar en una alta forma física. Las antiguas vías ferroviarias reconvertidas en senderos ciclistas ofrecen una manera maravillosa de viajar despacio. La Vía Verde del Plazaola, que conecta Navarra y Guipúzcoa, atraviesa bosques, túneles y pequeños pueblos llenos de encanto. También la Vía Verde de Ojos Negros permite recorrer kilómetros de naturaleza entre Teruel y Valencia con alforjas y sin prisas. Investiga un poco, cerca de ti seguro que existe una ruta de cicloturismo, una Eurovelo, un camino ciclable o un recorrido sencillo a orillas de algún río.
Paisajes que merecen una parada. Lugares que nos devuelven el ritmo
Hay viajes que se miden en kilómetros y otros que se miden en recuerdos. Si prefieres los segundos, aquí tienes algunas pistas o propuestas para disfrutar tanto en soledad como en buena compañía. Lugares en los que disfrutar de un buen paseo y en contacto con la naturaleza.
Cuando llega julio, los campos de lavanda se convierten en extensos océanos violetas. Esta planta, con numerosas propiedades medicinales se extiende a lo largo de hectáreas en Brihuega (Guadalajara), quizá el ejemplo más conocido, pero hay otros rincones menos concurridos donde disfrutar de este espectáculo natural.
Y si lo tuyo es caminar, puedes hacerlo por Las Loras, geoparque de la UNESCO, entre las provincias de Palencia y Burgos, que cuenta con un elevado patrimonio natural y cultural. O recorrer las Bardenas Reales, en Navarra, y experimentar el silencio de un paisaje casi lunar, cambiante según la luz y la estación. O adentrarte en el Parque Natural de Somiedo, en el corazón de Asturias, entre lagos de montaña, brañas y una naturaleza que todavía conserva buena parte de su carácter salvaje.
No siempre hace falta hacer miles de kilómetros para encontrar paisajes capaces de sorprendernos e inspirarnos: subir al Pagasarri o al Ganeko, o pasear por hayedos tras encumbrar el Ernaitzu y el Beigañe, son ejemplos de que la naturaleza sigue siendo uno de los mejores lugares para volver a lo esencial.
Pequeños rincones para grandes momentos
Hay lugares donde el tiempo parece transcurrir de otra manera. Contemplar la puesta de sol desde el monte Jaizkibel mientras el Cantábrico se extiende hasta el horizonte es uno de ellos. O la Playa El Regatón, en Laredo, amplia, tranquila y rodeada de marismas, que invita a caminar durante horas o simplemente sentarse a contemplar el paisaje o un buen atardecer. Y cuando el calor aprieta, pocos planes resultan tan apetecibles como acercarse al Parque de Landa, en Álava. Sus zonas verdes, senderos y aguas tranquilas lo convierten en un espacio en el que refrescarse y disfrutar de una jornada al aire libre.
Pero si hay lugares por antonomasia en los que sí parece detenerse el tiempo esos son los pueblos. Tu pueblo. “El” pueblo. Ahí donde siempre vuelves en vacaciones y donde, aparentemente, nunca pasa nada extraordinario. El pueblo es familia y raíces, amistades, fiestas y verbenas, paseos, siestas y noches “a la fresca”. El pueblo es volver a las personas, los lugares y los recuerdos que nos han hecho ser quienes somos. Tener un pueblo es tener un tesoro.
¡Ah, y por cierto! No olvides que este verano viviremos la rareza de un eclipse total de sol, con la suerte de que podrá contemplarse desde numerosos localidades y ciudades. Será una gran oportunidad para disfrutar de este fenómeno tan poco habitual. Asegúrate de todo lo necesario para disfrutar de una observación segura.
Arte para mirar el mundo con otros ojos
El verano es también una buena ocasión para visitar museos pequeños, centros de arte locales o exposiciones al aire libre. Una propuesta especialmente interesante es recorrer «museos abiertos» como el Chillida Leku en Guipúzcua o Montenmedio Contemporánea en Vejer, Cádiz, uno de esos lugares donde arte y naturaleza se fusionan. Como ocurre también en bosques pintados como el de Oma, el de Poblet o el de Valdeolea.
Otra opción es descubrir obras de teatro de calle, cine al aire libre o conciertos en pequeñas plazoletas. O inscribirte a talleres, cursos o actividades artísticas; el verano puede ser un buen momento para aprender algo nuevo.
Pero si lo tuyo es la música, los festivales también pueden ser espacios de encuentro y compromiso. El Festival Boreal (Tenerife) aúna música, concienciación medioambiental, derechos humanos y talleres y actividades familiares. Por su parte, el Festival PortAmérica (Pontevedra), combina música, gastronomía, sostenibilidad y participación social. Una mezcla poco habitual donde los conciertos conviven con iniciativas solidarias y espacios de sensibilización, algunas de ellas propuestas por Entreculturas-Vigo. O Pirineos Sur, en Huesca, un encuentro musical y cultural que tiene lugar sobre un escenario flotante en el corazón del Pirineo aragonés.
Y por último, no nos olvidamos de los mercadillos de verano, comercio local y de temporada en su mayor expresión. Porque además, los mercadillos de verano son puro arte. En pequeñas ciudades, en grandes, en polígonos, en la costa; de ropa, de comida, de artesanía, de cachivaches… Recorrer los puestos de los mercadillos es una de esas actividades que siguen funcionando verano tras verano porque combinan entretenimiento, comercio local y vida en la calle.
Afortunadamente, hay muchas maneras de aprovechar el verano sin que todo pase por viajar más lejos o consumir más. Existen formas más sostenibles, más respetuosas con el entorno y también con las personas. Viajar despacio, apoyar el comercio local, cuidar los lugares que visitamos, reconectar con la naturaleza, acercarnos al arte o participar en iniciativas solidarias son maneras de construir un ocio que deja una huella positiva. En nosotras y nosotros y en nuestro entorno.
Así que, ¡que paséis un buen verano! ¿Nos lo contáis a la vuelta?
Agradecimientos a Isabel, Javi, Mikel, Iker, Sara, Ani, Eva, Bego, Lucía y Keegan, por sus aportes y propuestas veraniegas.
